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Las abstracciones paródicas de Luis Trápaga



I
Algunas exposiciones y proyectos de curaduría realizados en los últimos años han venido a demostrar no sólo que la pintura abstracta en Cuba conserva, desde su aparición a principios de los años cincuenta, una notable vitalidad, sino que existe una continuidad entre la obra de los jóvenes pintores y la que realizaron figuras como Julio Girona, Raúl Martínez, Fayad Jamís y Antonio Vidal.
Quedan, sin embargo, otras vindicaciones por hacer al medio siglo de arte abstracto en Cuba. Por ejemplo, habría que preguntarse si  –tal como y la interpretó toda una crítica radical que va desde Juan Marinello en su Conversación con nuestros pintores abstractos (1955) hasta los artistas y críticos que se adscribieron al proyecto Es sólo lo que ves  (1989)– la abstracción fue necesariamente una aventura formalista y ajena a la realidad política, casi siempre tensa, por la que ha atravesado el país desde la segunda mitad del siglo XX.  La exposición Marca con una X (1993) de Rodolfo Llópiz, y el lienzo Panóptico de Vladimir León, presentado en el Salón Juan Francisco Elso (1995), podrían corroborar que la abstracción puede tener  –y de hecho tuvo– una postura polémica frente al orden imperante.
Otro de los problemas que, en mi opinión, no han sido suficientemente atendidos, es el del espacio que ocupó la abstracción en la muy plural y controvertida década de los 80. Si se descuenta a Carlos Alberto García, el resto de los jóvenes pintores abstractos fueron, en sentido general, ignorados. Casi ningún crítico de arte apostó por ellos. Trabajaron en solitario y a contracorriente de los acontecimientos artísticos del momento. La abstracción fue excluida (cuando no condenada como en el proyecto Es sólo lo que ves) del “nuevo” arte cubano. Baste recordar que en el minucioso, si bien a todas luces arbitrario, libro de Luis Carmnizer, New Cuban Art, apenas se hace referencia a la abstracción como una vertiente significativa en el panorama del arte de los ochenta y comienzos de los noventa. Ahora, con la distancia de más de una década, tal vez sea oportuno reparar en el hecho de que, durante esos años, no sólo los jóvenes pintores acogieron con entusiasmo la hasta entonces poco conocida obra de Julio Girona, sino que, al mismo tiempo, numerosos pintores se interesaron en la abstracción. Entre los jóvenes que incursionaron  en la pintura abstracta cabe mencionar a Carlos Alberto García, Gustavo Pérez Monzón, Dania del Sol, Miguel Cerejido, Erenesto Ocaña, junto a artistas que, hoy po hoy, casi nadie recuerda o conoce, como Rodolfo Llópiz, Ángel Hernández, Juan Carlos Sánchez y Luisa Correa. La lista puede ser aún más larga.
Puede discutirse la relevancia de estos artistas, como mismo tendrá que reconsiderarse la importancia de muchos de los jóvenes que protagonizaron los escándalos y polémicas que caracterizaron a las artes visuales de fines de los ochenta. La tarea de desinflar el llamado “renacimiento cubano” está todavía por emprenderse. Pero lo que me interesa destacar ahora, es que, pese a la escasa atención que le prestó la crítica, la abstracción figuró, con no poca fuerza, entre las inquietudes de los artistas de los ochenta. 
Me parece saludable el hecho de que, en la actualidad, los críticos y curadores tengan una actitud menos prejuiciada hacia las manifestaciones del arte abstracto. Tal vez sea el momento de rescatar a algunos de los pintores abstractos de los 80.

II
Luis Trápaga es uno de esos artistas casi desconocidos que, a mediados de los ochenta, se dedicaron a la abstracción.  Pocas veces en Cuba se ha dado a conocer su trabajo más allá del círculo (reducido) de sus amigos en las exposiciones personales realizadas. 
Diría que las abstracciones de Luis Trápaga poseen el don de ser perturbadoras e inusuales. Por un lado, Trápaga ofrece la impresión de ser uno de los artistas cubanos que permanecen más apegados a las búsquedas de la abstracción lírica de los años cincuenta. Su pintura parece enfocarse en efectos expresivos y a menudo poéticos, poderosamente condicionados por la espontaneidad de la pincelada, la grafía ágil, las analogías cromáticas y las tensiones espaciales entre las formas. Sin embargo, en los propios trabajos existe una especie de contrasentido, como si, mediante el sarcasmo, se deshiciesen las preocupaciones formalistas o la inclinación hacia lo ornamental y lo lírico. Las formas puntiagudas, los pequeños triángulos, los colores chillones interrumpen, como si ofreciesen el efecto de un cortocircuito, toda posible pretensión trascendental o esteticista, introducen una mordacidad que, sin apelar a las relaciones entre la palabra y lo pictórico, hace mofa de las propias formas abstractas.
Formas abstractas incompatibles, como si la imagen quedase escindida en fragmentos que, al dialogar, se autodestruyen. Aquí podría hablarse de un sentido paródico que devuelve las abstracciones de Trápaga a nuestra contemporaneidad. Pero un humor que colinda con la angustia, un juego que conduce a una expresión exacerbada y estridente. Una angustia que estalla en una carcajada. 

Ernesto Menéndez-Conde (2002)





Hay en La Habana un pintor...

Desapercibido, sin presencia casi en galerías y círculos comerciales, existe un artista que habla sobre el muro y se impone por su excelencia.



La casa de Luis Trápaga es su taller y galería personal: de pared a pared cuelgan los cuadros de relampagueantes colores, o descansan, innúmeros, recostados apaciblemente en pasillos y habitaciones: son obras agresivas, maduras y nobles realizadas en el tiempo necesario para fundamentar una carrera profesional que ya abarca más de dos décadas y que se iniciara propiamente allá por los años 80.

Abstracto y figurativo, dominador de la estética gráfica, de sus signos más incandescentes, que van del letrismo a lo simbólico, de arrasador lirismo, Trápaga es un dominador de las formas y la luz que visible y cortesmente marca el tono experimental y desvelado de la excelencia plástica alcanzada a finales del siglo pasado y comienzos del presente en nuestra isla.






Somos nosotros


Hay mucho coraje en estas formas laboriosamente trabajadas, con relámpagos de color, aún aquellas realizadas en austeros blancos, negros y grises, donde la luz apresada es alborozo tenaz de secretas maravillas, de irreverencia implacable.
Ensimismados, conquistadores, sus cuerpos de amor y combates, ora tendidos o erguidos en ávidas composiciones de furores irónicos, palpitan y permanecen en un afuera de fiesta, ronda de pícaro aliento en noches de ron y vagabundeo habanero, suspendidas locuras de la memoria.
Y es la aventura, la nostalgia y el desafío del duende que le habita, para que nazca otra realidad en transfigurada, ardiente cercanía. Aireados por el sueño, fundidos en la risa, sus personajes o sus manchas de ondulantes verdiazules, grises rosas, blanquinegros angélicos, tienen el peso de la luz y el color de lo vivo.



KARLA


Sofisticada, impúdica, coloquial y desinhibida en plenitud de línea e intención, Karla es uno de los personajes eróticos más logrados de Trápaga, cuyo éxito en la exposición de Espacio Aglutinador, dirigido por la artista Sandra Ceballos, en 2006, fue arrollador: evento que reunió a más de 30 artistas de la plástica actual en nuestro país, entre ellos, Lázaro Saavedra, Carlos Quintana, Ernesto Jesús, Víctor M. Ortega, Santiago Armada (Chago)... así como videastas y performers.
Con textos de la escritora Lizabel Mónica, la obra El arte sexual es demasiado político para dejarlo en manos de los serios; el arte político es demasiado sexi para dejarlo en manos de los ombres, presentaba cuadros de la serie sobre Karla, cuya vitalidad exige al autor nuevas y constantes visitaciones para beneplácito de sus admiradores.



El know how

Línea y color, lo primero que atrae del pintor habanero es el equilibrio, la armonía: dicen del arte abstracto que es decorativo: en Trápaga su técnica le debe mucho al diseño gráfico, y siendo el dibujo su fuerte, el conjunto de sus líneas verticales, circulares, rectilíneas, cruzadas, más que sucesión despliegan simultaneidad cromática en una especie de caleidoscopio mental irisado, en una tendencia de exploración permanente, de fecundas resonancias, de luz y movimiento. Emplea con frecuencia colores vecinos, como azules y verdes, naranjas y rojos, también contrastes complejos. Sin perspectiva ni modelado, sus cuadros abstractos nada representan: sólo significan. Por sumisión o rebeldía, se crea con la mitología de la época, porque ninguna experiencia del arte está fuera de la vida.
La pintura de Trápaga, si abstracta es de impulsos afectivos, si figurativa es réplica sensible y personalísima que le dicta el mundo físico. Inventa y evoca, celebra el deseo. La memoria de un pintor como él es siempre imaginación transfiguradora de lo real.
Parco en exposiciones, no obstante obras suyas han participado en eventos colectivos, tal la muestra homenaje a Rabrindanath Tagore, recientemente celebrada en la Casa de Asia, en esta capital. Coleccionistas privados, nacionales y extranjeros se precian de poseer algunos de sus cuadros.

Azucena Plasencia

La Habana, 2011



  




Breve entrevista al pintor y artista de la plástica contemporánea cubana Luis Trápaga


Habanero de pura cepa, al dibujante y pintor Luis Trápaga suele encontrársele por las calles de su Vedado natal, en infatigable y peripatético deambular, o en su casa-taller-galería, punto de reunión de los amigos más cercanos. Ser alto y desgarbado, físicamente recuerda a su padre, el afamado bailarín de igual nombre que tantos lauros conquistara para Cuba en escenarios internacionales.
Le abordamos a punto de entrar a la Cinemateca, uno de sus lugares preferidos de la capital de todos los cubanos, ya que es un fanático del séptimo arte, al que dedicara no pocos de sus mejores años como animador en los estudios del Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
De este encuentro surgió la presente entrevista que queremos compartir con los lectores:



Llevas más de veinte años en la profesión, pero han sido muy esporádicas tus exposiciones, topar directamente con el público frecuentador de galerías y exposiciones, ¿a qué se debe esta notable ausencia?

He hecho algunas exposiciones, no muchas pero sí, alguna que otra individual hay. Lamentablemente he dedicado más tiempo a hacer otras cosas no tan importantes, y me arrepiento, pero el tiempo no. En cierto sentido siempre han sido cosas vinculadas al arte... He participado sobre todo en muchísimas exposiciones colectivas, si me invitan y me interesa, no hay ningún problema.



Cuéntanos de tus comienzos, algún evento que definiera esta carrera de artista solitario, independiente.

Tal vez el comienzo más serio fue cuando estuve en el taller de Manero, un taller de pintura libre, es decir, se daban clases de pintura pero no a la manera tradicional, sino todo lo contrario, la gente hacía lo que quería y aprendías un poco a pintar y a dibujar como oficio, pero más de lo otro: más de crear e inventar. Luego matriculo en San Alejandro por puro embullo y después, cuando me gradué, yo me dediqué entonces a trabajar en cosas que tenían que ver con pintura pero no era exactamente pintar, yo pintaba más esporádicamente entonces. Estuve en el ICRT haciendo escenografía, muy poco tiempo, después en los estudios de dibujos animados del ICAIC, y pasé un año en la comunidad artística de Baconao y esa experiencia siempre dejó algo bueno, trabajé un poco, los trabajos se quedaron ahí, por cierto, todos abstractos, porque cuando regresé fue que empecé a trabajar otras cosas más figurativas, algo diferente, de hecho una de mis exposiciones personales en aquel tiempo fue solamente de pintura figurativa, en la Biblioteca Médica Nacional, en el Ministerio de la Salud Pública, en la Rampa. Hice otra anteriormente en el Centro Internacional de Prensa, esa fue muy interesante, porque cuando saqué los cuadros de aquí de mi casa, cambió la perspectiva, eran otra cosa dentro de un espacio mayor que era la sala aquella, muy grande, eso puede ser una de las partes buenas de sacar tu obra de la casa, porque se transforma, y de hecho, la última vez que expuse en la de Tagore, me causó la misma impresión, como que se convertía aquel dibujo en algo diferente. La obra cambia por el espacio, y si la exposición es colectiva, por la cercanía con las demás. El Centro de Prensa era un lugar tan grande y tenía una perspectiva muy buena, sobre todo para pinturas abstractas de gran formato, yo los tenía todos, chiquitos, grandes y medianos.
Has transitado por diversas etapas, configurado series de singulares personajes, confirmándote, a la vez, como uno de nuestros más relevantes pintores abstractos, sin dejar de incursionar en casi todas las técnicas, ¿cómo explicarías el “ahora” de Trápaga?

Tal vez sí, hay otro amigo que también lo dice, que soy un buen pintor abstracto, tal vez es verdad.
Mi “ahora” es muy parecido al de hace veinte años, sólo que aprendí más, pienso, en oficio. No me molesta no haber cambiado demasiado, ni las temáticas que, por el contrario, he desarrollado; sin embargo me he mantenido siempre experimentando, pero no ha habido un cambio sustancial en lo que hago. Siempre me ha gustado la ilustración, de ahí que mi dibujo tenga ese carácter de comic a veces; de hecho disfruto mucho del dibujo a línea, me relaja, en el futuro quisiera hacer más este tipo de trabajo figurativo.

¿Que opinas de la plástica cubana actual, de sus temáticas o fobias? ¿Qué si la comparamos con lo que se hace en nuestro continente? ¿Con el mundo?

La plástica cubana actual es una maravilla, sobre todo la que no pinta ni esculpe, lo digo porque yo me formé más como pintor de oficio en la academia de San Alejandro y me asombra como la mayoría de los jóvenes ahora no necesitan mucho de las técnicas tradicionales para poder expresarse, lo que parecía antes una carencia, como pintar o dibujar “mal”, se convierte ahora en un reto, con cualquier medio, formato, que esté al alcance; y lo que es más importante, con cualquier idea que parezca alejarse de lo que tradicionalmente se puede entender como arte: los traumas o fobias parecieran los mismos de siempre, pero la política y el sexo son dos de los más temas recurentes y aun cuando se piense que se abordan como algo novedoso, siempre han estado alli.



Participas en la XI Bienal de La Habana con tu propio espacio alternativo El círculo ¿Tienes compañía? ¿Cuáles son tus expectativas para este evento?

El hecho de exponer en tu propio espacio es algo muy cómodo y liberador, sobre todo cuando te das cuenta que tienes que empezar por liberarte de ti mismo; eso suponiendo que en tu propio espacio apenas no tienes ningún tipo de censura y esto pareciera en un principio ideal. Ya en una bienal anterior organicé una muestra en mi casa, en compañía de algunos otros artistas, es algo que se viene haciendo desde hace mucho tiempo en Cuba.
Yo hice la primera muestra instado por Sandra Ceballos que es una de las pioneras en esto de los espacios alternativos y una de las que por más tiempo ha mantenido su espacio Aglutinador, haciendo mucha gala de su nombre. En esta ocasión la idea surgió con otro amigo y pintor residente en Miami, Guillermo Portieles. Éramos compañeros desde la escuela de arte y hemos mantenido el contacto a través de los años, aunque no vive en el país hace ya más de 15. Nos pareció interesante la posibilidad de juntos mostrar nuestro trabajo, algo que hace tiempo queríamos hacer, o sea, somos el típico caso del artista que salió de Cuba hace años pero no ha perdido el contacto y el otro que se quedó.
Se me ocurrió como título El círculo, por la idea de que empiezas en el círculo infantil, luego viene el círculo de tiza, el cromático, así así hasta que terminas en un círculo vicioso... Este es el título además de una serie de dibujos en la que vengo trabajando hace tiempo, y como Guillermo Portieles tiene unas piezas circulares con gomas de carro sobre el fenómeno de la emigración y el desarraigo, me pareció entonces que todo se relacionaba bastante: la situación de nosotros los cubanos de aquí y de allá es toda un círculo vicioso donde se mueve toda la sociedad cubana (de “adentro”, de “afuera”) y que por otra parte es una idea muy abierta que se puede manejar en muchos sentidos. Le dimos vueltas y nació Open Studio Circulo, sumándose los artistas Néstor Arenas, cubano radicado en Miami y Meme Ferre, de Puerto Rico.
Desde el punto de vista poético esta muestra intentará recoger propuestas que van desde opciones conceptuales, pasando por representaciones geometrizantes, hasta elementos expresivos de la estética popart. En el orden discursivo, mientras, la relación, siempre rica en tensiones, entre individuo y sociedad, entre ficción y realidad, así como el desarraigo y el rol de la imagen en las sociedades de consumo, protagonizan los contenidos de mayor interés en las obras aquí presentes.
Quedan todos invitados desde ya a la inauguración que será el 12 de mayo a las 4 de la tarde.

Dime de tus proyectos más inmediatos, cuando acabe la “trienal”. ¿Repetirías?
Y si no fueras pintor...

Dedicarme completamente a mi pintura, en estos momentos sobre todo no me viene alguna otra profesión a la mente que me gustaría más. A lo mejor antes pensé otra cosa, pero ya no, ahora sí quiero pintar nada más. Tengo que seguir pintando tanto figurativo como abstracto, si no, no me siento bien. La serie Karla forma parte de los dibujos figurativos, pero tengo que esperar a ver qué piensa Lizabel Mónica, que es su autora intelectual. Ah, ahora recuerdo que quería ser buzo, pero no tenía condiciones físicas. Pon lo de buzo que es muy importante. Buzo de mar, por supuesto, no los buzos metafóricos de ahora, siempre he querido bajar al fondo del mar.


La Habana, 2011
Azucena Isabel Plasencia, La Habana






Un Muro Mejor Es Posible



Dime un muro y te diré una puerta, dime una puerta y te diré un sueño, dime un sueño y te diré un muro, escribió alguna vez un poeta. Ahora se abre una pierta que conduce al espacio cerrado y a la ascención sobre el nivel común. Las paredes del laberinto de peldaños parecen animarse en su afán de estrechar el cerco que conduce a las alturas. Quien asciende advierte en distintas dimensiones -la imagen virtual en la pantalla, la performace directa como experiencia real- la redundancia y el énfasis del blanco sobre el blanco, en una tapia que se alimenta a sí misma desde las infinitas capas de su propia superficie reforzada.

Los simulacros de ventanas sólo conducen a nuevos espacios cerrados: muros sobre muros, paredes originales camufladas por copias superpuestas en un juego de espejos que comienza a forcejear con las coordenadas espaciales del que asciende, quebrando, en la misma medida en que la enfatiza, su noción del límite. La reduplicación espacial va difuminando las fronteras a través de su propia potenciación. Pudiera recordarse entonces la voz melodiosa de la Sulamita cuando afirma en El Cantar de los Cantares: "Yo soy un muro", como voz antigua de útero materno que brinda amparo, pues en esta casa que cobija, la arquitectura amurallada, vista desde adentro, más que confinar, protege. El espacio ya no es el mismo. La superposición de cercos y barreras. diluye, paradójicamente, la sensación de confinamiento y detención. 

Un mundo mejor puede vislumbrarse por los requicios que abre esta muestra alternativa del arte de un conjunto de creadores que configuran una original poética del espacio como palimpsesto de muros, escrituras y paredes selladas. 

                                        Margarita Mateo Palmer
    (Palabras para la expo colectiva "Un Muro Mejor es Posible"
              curaduría y espacio casa-galería de Luis Trápaga)
marzo 2006                                                   





Kom Texto



La escasa divulgación de un artista en las sociedades actuales no necesariamente tiene que ver con la censura, que más bien funciona como un resorte que facilita la consagración institucional. El deficiente reconocimiento de un creador suele ocurrir cuando se trata de personalidades que hacen caso omiso de las tendencias artísticas dominantes. O cuando sencillamente no poseen ni el interés, ni las destrezas sociales que frecuentemente demanda una adecuada inserción en el mercado de arte. Por desgracia, los artistas contemporáneos deben invertir buena parte de su tiempo en labores de mercadeo para las cuales no están siempre adiestrados: hacer contactos, alianzas y concesiones, trazar estrategias y provocar escándalos que consigan cautivar a los representantes del mercado y los centros culturales. 

El pintor cubano Luis Trápaga es una de esas figuras cuyo trabajo ha permanecido en la sombra durante un poco más de dos décadas. Sus obras han sido expuestas con escasa frecuencia y buena parte de las veces en Laboratorio-Aglutinador, la galería alternativa que dirige la creadora Sandra Ceballos. Con todas las limitaciones y el carácter virtualmente underground que posee en Cuba, internet (a través de blogs, facebook y sitios como youtube) está ofreciendo oportunidades de divulgar su obra por otras vías que no sean las galerías y centros culturales cubanos. En el blog hechizamiento habanémico, de Lia Villares, he encontrado este video titulado Kom Texto, realizado a partir de una serie de dibujos de Trápaga. 
En el video, muy a tono con el título de la serie, las imágenes se deslizan como si se estuviese hojeando un libro. La preposición ‘con’ escrita incorrectamente como ‘Kom’ apunta a dos rasgos de los dibujos. El primero es que los textos funcionan como elementos gráficos, más que como mensajes escritos. El segundo es la violencia visual.  Los cuerpos trazados con vigorosas líneas de contorno, rellenos con colores visualmente intensos, con rasgos de insectos, o de pájaros, con corpulencias deformadas, asociados a textos incomprensibles o incoherentes, dibujados sobre páginas impresas en las que pueden reconocerse oscuras fórmulas científicas, crean el efecto de una vida aferrada al instante, al placer como un grito o como una descarga eléctrica que hace el presente llevadero. Trápaga acierta a trasladar el sentido explosivo de los graffiti, usualmente asociado al arte público, hacia las páginas de los libros y hacia la vivencia individual. Las escenas sexuales en Kom Texto poseen una poderosa dimensión existencial, una estridencia que las hace contemporáneas, incluso cuando recuerden a muchas de las figuraciones grotescas que estuvieron en boga durante la segunda mitad de los sesenta. Escenas sexuales vinculadas a un sentido de angustia que quizás exprese, a un nivel  más profundo que muchas manifestaciones del llamado arte crítico, los conflictos por los que atraviesa la sociedad cubana actual.

Kom Texto es una crítica del presente desde una perspectiva más bien subjetiva, sin incurrir en contenidos políticos que siempre conllevan el peligro de precipitarse hacia lo panfletario y lo obvio. Es también una celebración del placer sexual, exaltado como un goce festivo, desinhibido y orgiástico. En Kom Texto, junto al grito, hay mucho de improvisación y de humor, de exageración cómica y mascarada. 

Ernesto Menéndez-Conde (2010)
texto tomado de Lápiz y Nube



El círculo


Recomiendo ver este video, que ofrece una visión de la muestra realizada por el artista cubano Luis Trápaga en su propio apartamento. El círculo es una exposición mutilada por las autoridades cubanas. De más está decir que no posee ningún respaldo institucional y evidentemente está al margen de las actividades de la XI Bienal de La Habana.



Inicialmente la  muestra se había concebido con la colaboración de otros creadores –Néstor Arenas, Meme Ferre y Guillermo Portieles- que residen fuera de Cuba.  Los tres fueron amenazados con ser expulsados del país y con negárseles sus futuros permisos de entrada en la isla.

En la Bienal hay obras que poseen una intención crítica, que además se exhiben en proyectos públicos, lejos de las galerías y museos. También participan artistas cubanos que se han establecido fuera de Cuba. Así que, evidentemente, lo que ha disgustado a las autoridades no es ni el contenido crítico de las obras –las imágenes de Trápaga son mayormente obras abstractas y representaciones eróticas-, ni tampoco el lugar de residencia de Portieles, Ferre y Arenas. Lo que al parecer ha provocado la coerción policial es la iniciativa privada en conjunción con los visitantes de Estados Unidos y Puerto Rico, aunque se trataba de exponer en el propio apartamento del artista. Es muy probable también que algunos de los espectadores que asistieran a la muestra fuesen igualmente figuras mal vistas por el gobierno. Las instituciones cubanas no toleran ni el más leve indicio de infracción a las reglas. Ahora sabemos que el propietario de un apartamento ni siquiera puede decidir sobre qué imágenes colgar en sus paredes.


Cabe recordar que, a comienzos de 1954, cuando Batista y Franco organizaron la llamada II Bienal Hispanoamericana, los opositores inauguraron una anti-bienal –más conocida como Homenaje a Martí-, que tuvo una gran repercusión en el escenario artístico cubano, además de sabotear por completo el evento oficialista. Era una muestra mucho más ambiciosa y una protesta mucho más declarada –en la convocatoria de Homenaje a Martí, se llamaba, sin pelos en la lengua, dictadores a Franco y a Batista- que esta modesta exposición que sólo incluiría a cuatros artistas, por lo demás escasamente reconocidos. Existieron algunas represalias con motivo de Homenaje a Martí  (la más notoria fue la expulsión de Marcelo Pogolotti de su cargo en el Instituto Nacional de Cultura). Pero, incluso bajo la régimen inconstitucional de Batista, la exposición pudo llevarse a cabo sin censuras y fue ampliamente reseñada por la prensa. Casi sesenta años más tarde, las autoridades malogran una pequeña muestra colectiva y acusan de “cabecilla contrarrevolucionario” a su organizador, luego de augurarle futuros conflictos con el Ministerio de Cultura. 





¿Cuán lejos está el escenario artístico cubano de las tristemente célebres políticas culturales de los años setenta? Por desgracia, la respuesta a esta pregunta no es ni tan simple, ni tan evidente como pudiera parecer a primera vista. Al menos este no es un residuo aislado de aquellos ejercicios del poder contra la creación artística.



Las presiones contra un evento casero contrastan de forma grotesca con la proverbial tolerancia de la que hace gala la XI Bienal de La Habana. Sólo unas semanas después de la visita papal a la isla, el siempre controversial Hermann Nitsch presentó su performance Jesús contra el Universo –un título ya de por sí bastante provocativo-, mientras en una de las salas del Instituto Superior de Arte unos jóvenes escultores cubanos, seguidores de Maurizio Cattelan, exponen He, una copia en cera de Bin Laden, yacente sobre una alfombra, con una túnica blanca y un turbante, como si estuviese a punto de recibir el entierro que no tuvo.


De todos modos, El círculo se inauguró como un desafío, aunque ya sin la participación de Arenas, Ferre y Portieles. La muestra incluye las citaciones de la policía secreta a los artistas –que ahora quedan asociadas con las abstracciones de Trápaga- y el titular de una publicación periódica donde puede leerse  Contra los fanatismos. Pero hay que olvidarse del contenido de las obras. Como mismo sucedió con las abstracciones que predominaban en Homenaje a Martí, es el evento mismo el que adquiere una carga política para negar, en el caso de Trápaga, la supuesta libertad de creación que exhibe la Bienal. Sin proponérselo, los censores colaboraron con la exposición para revelar una vez más el funcionamiento oculto de las instituciones represivas dentro de la sociedad cubana.









Proyecto desarticulado # 1: Estudio/galería de la calle 10 entre 15 y 13 en el Vedado.  
Lo que supuestamente debió ser una exposición de cuatro artistas -Memé Ferre (Puerto Rico), Néstor Arenas y Guillermo Portieles (cubanos residentes en EU) y LuísTrápaga residente en Cuba y dueño del estudio-galería de la calle 10 en el Vedado- se convirtió en una exhibición de Luís. ¿Cómo la desmembraron? Sencillo: En la aduana del aeropuerto internacional de La Habana retuvieron y decomisaron las obras que Néstor Arenas traía desde Miami consigo para exponer en dicha residencia y éstas aún permanecen lejos del alcance de su dueño. Por muchas reclamaciones que éste ha realizado no se le han devuelto sus obras. Me pregunto, cómo es posible que suceda tal atropello en nuestro país tan "hospitalario" si el "pregón internacional" de los medios de difusión masivos cubanos, con respecto a la praxis del sistema político/social actual en Cuba, es de: democracia, apertura, respeto a los derechos humanos, respeto a la propiedad personal y libertad en todos los aspectos de la vida. Me resulta contradictorio y de una prepotencia paranoica e injustificada, que hechos como estos sigan sucediendo en el 2012 después de tantas "rectificaciones de errores". ¿Cuántos errores más habrá que subsanar? ¿Dónde está esa supuesta "democracia o apertura cultural" que se estuvo promoviendo todo el tiempo en esta 11 Bienal. ¿Existió realmente?¿Fue escenografía? ¿Pura demagogia?
Luís Trápaga abrió finalmente su exhibición con una serie de obras que corresponden a varias etapas de su trabajo pictórico: abstracciones, manipulación del cómic y obras más conceptuales en donde acumula y contrapone textos extraídos de diferentes publicaciones y con diversas temáticas. También está exhibiendo tres obras (de su colección personal) de Heriberto Manero, ese artista marginado que convocó, enseñó y estimuló a tantas generaciones de artistas cubanos y que murió hace algunos años completamente olvidado por la maquinaria decantadora que "pone y quita" artistas: los empleados asalariados de las instituciones culturales. 
Los otros artistas no pudieron exhibir: Néstor aún reclama sus obras a la aduana del aeropuerto habanero, Guillermo -bajo amenazas- tuvo que retirar las suyas y regresar a Miami por temor a no poder visitar Cuba nuevamente y como fue portador de las piezas de la artista puertorriqueña Memé Ferre, también las retiró junto con las propias.
Continuará....?????

Sandra Ceballos




El erotismo paródico del pintor cubano Luis Trápaga se expone en Praga
La cafetería y librería Café Fra, en Praga, alberga a partir de este lunes una muestra de obras del artista plástico cubano Luis Trápaga. El erotismo y un tono paródico son unos de los componentes que caracterizan sus dibujos figurativos. Radio Praga habló con el artista sobre las claves de su obra así como del panorama del arte plástico cubano que abarca galerías alternativas, nacidas a raíz de la censura estatal.

Cuerpos desnudos en peculiares posturas, algunas con rasgos animales y trazadas en blanco y negro en contrastantes fondos coloridos. Estas son las imágenes, plasmadas con acrílicos en cartuchos, que se pueden ver en estos días en Praga y que según su autor, Luis Trápaga, pueden producir una sensación grotesca y paródica, ligada a la imagen de la vida en Cuba.
“Todas son figuras humanas con colores limitados, con fondos rosas. Me gusta porque es contradictorio. Las figuras no son positivas, son más bien un poco retorcidas, grotescas y es como un drama, como una parodia. En Cuba vamos así siempre. Mi vida funciona bastante parecido a eso. Aparentemente hay un fondo idílico. Si los extranjeros van a Cuba ven un fondo idílico, pero no es cierto. La gente vive continuamente no solo problemas materiales, sino problemas más complicados. Todo el mundo está muy tenso, con una actitud de combate”.
En cuanto a la inspiración, el miedo, el coraje y el experimento son algunos de los ingredientes potentes a la hora de crear, según prosigue el pintor.
“Hay un punto donde tú tienes que decir: tu imaginación es esta, pero trata siempre de ir más lejos. Al punto en el que tengas miedo de ir a lo ridículo y a lo agresivo; ese es un punto interesante. Cuando tienes miedo a cosas reverentes y ridículas, allí es, posiblemente, donde tengas que seguir y no autobloquear”.
El erotismo, considerado por algunos demasiado atrevido, forma uno de los rasgos principales de las obras expuestas.
“Había cosas eróticas, pero alguna persona puede pensar que está rallando la pornografia. Para mí no lo es. En otro lugar me lo volvieron a decir y yo pregunté siempre a la gente: ¿En Cuba hay una contradicción? Por el momento todo aparece muy liberal, por otro es muy puritano”.
La censura del Estado, que no siempre tiene que ver con el contenido de las obras sino con la actitud y la orientación política de los artistas, es el motivo del nacimiento de galerías alternativas dispersadas por toda la isla, según señala Luis.
“Los artistas pueden tener una obra muy libre con cosas bastante atrevidas. Si alguien está con el sistema se permite bastante. Si está en algún conflicto con eso, será bastante bloqueado. En Cuba hay mucho movimiento de galerías alternativas. Son personas particulares que en su casa exponen cosas muy de vanguardia e inusuales, que no salen en galerías oficiales. Yo traté hacer uno en mi propia casa y siempre había conflicto con las autoridades, porque venían pintores de Miami, unos cubanos que se trasladaron allí hace mucho tiempo, y eso no estaba bien visto. En fin, lo trataron de bloquear y había prohibiciones y amenazas. Actualmente estoy comenzando a reabrir mi propio estudio-galería, con la intención de que artistas jóvenes poco reconocidos  muestren su trabajo sin temor a la censura.”
A parte de dibujos, Luis Trápaga se dedica también a la pintura de abstracciones líricas en grandes lienzos, ilustraciones de revista, libros y dibujos con rasgos de cómic. El artista se graduó en 1987 en la Academia de Bellas Artes San Alejandro, en La Habana. Ejerció el cargo de animador cinematográfico y profesor de arte plástico. En la República Checa expone por primera vez gracias a la iniciativa de un grupo de traductores checos, que conoció en La Habana.